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Lapa Ríos Lodge está a la vanguardia de una tendencia en aumento que beneficia tanto a la naturaleza como a la economía local.
El radiante sol de las mañanas ilumina el horizonte, donde los altos árboles del Golfo Dulce toman vida junto con la cacofonía de las tierras bajas de la selva. Aquí, en esta nación Centroamericana, donde las olas del océano revientan contra la costa sur en el alejado extremo de la Península de Osa. Un grupo de monos Congos aúllan un saludo durante el día, las guacamayas Escarlatas chillan mientras cruzan el horizonte, y donde un par de tucanes discuten sus planes de desayuno en un cercano árbol. Arriba del tronco de un árbol cecropia se puede observar el largo ocico del coatimundi scampers, que con su cola envuelta sobre una rama, huele algunas frutas, las agarra con sus patas, y luego las parte en cuñas entre dos ramas para comérselas.

Esta vista de la biodiversidad sería más valiosa si la hubiera mirado desde un sendero en medio de la selva. Sin embargo, lo que la hace asombrosa, es que la tome sin tener que poner un pie fuera de mi lujosa cama King. Todavía envuelta entre las sábanas, me encuentro en medio de un bungalow privado al aire libre, con pisos de madera, paredes de bambú lacado y un techo hecho de palma tejida. Perfectamente construído viendo al Pacífico y bordeando las 1008 hectáreas que preserva Lapa Ríos. Con un proyecto que combina lujo y conservación, Lapa Ríos se encuentra dentro de un movimiento global que está creciendo para desarrollar el turismo de naturaleza que actualmente nutre los frágiles ecosistemas. Desde los principios de 1980, cientos de eco lodges han sido construídos en selvas tropicales, bosques nubosos y remotas savanas. Lo mejor de ellos no es solo el bajo impacto que tiene en la tierra y ayudar a proteger el hábitat de la fauna en peligro de extinción, sino que también beneficia a la economía de la comunidad.
El impresionante lodge principal y sus 14 bungalows fueron construídos en un antiguo pasto de ovejas donde ni un solo árbol nativo fue talado. Los fundadores, Karen y John Lewis de Minnesota, compraron al área en 1990, con la intención de demostrarle tanto a los huéspedes como a los locales que “una selva en pie es más rentable que una talada”. Originalmente, ellos habían planeado construir un lodge rústico para la observación de aves. Pero después de realizar una investigación, se manifestó una alta demanda de un hotel ecológico de lujo, con amenidades como duchas con calefacción, electricidad las 24 horas del día y comida gourmet. La pareja alteró su visión políticamente correcta para asegurase que su trabajo fuera tanto sostenible como ecológico. Los inevitables compromisos dieron a las cinco hectáreas materiales para la construcción de la zona y están equipadas con duchas de energía solar, pero con un generador de diesel impulsado por electricidad y un tanque séptico convencional de sistema de alcantarillado. John Lewis dijo “Somos una demostración en el ecoturismo, no en la conservación de la energía”.
El abogado John Lewis y su esposa Karen, profesora profesional de música, han invertido más de un millón de dólares en su proyecto. La pareja canaliza parte de sus ganancias para la protección de sus tierras: salvando cientos de hectáreas de bosque primario de la tala y la quema agrícola denudada del área del hotel y reforestando cientos de hectáreas adicionales. Preocupado de que fueran vistos como interlopers por sus vecinos, los antiguos voluntarios del Cuerpo de Paz se aventuraron en las laderas que rodean la casa con pan y galletas. Después de descubrir que sus vecinos carecen de educación formal, la pareja creó una fundación caritativa y reclutaron otro grupo filantrópico para ayudar a construirles la primera escuela primaria. También contrataron a 43 residentes locales para que trabajaran en Lapa Ríos.
En los seis años desde que Lapa Ríos abrió sus puertas al público, se les ha alabado no solo por grupos ambientalistas, como Sociedad Mundial de Ecoturismo y Conservación Internacional, sino también por los críticos del hotel, incluyendo a Andrew Harper, el editor del Hideaway Report Neswletter, que otorgó su premio a Lapa Ríos hace tres años.
No es que Lapa Rios sea un éxito rotundo. Irónicamente, al llamar la atención de lo que fue una larga y remota parte de Costa Rica, Lapa Ríos ha ayudado a la Península de Osa ha ubicarse en el mapa del turismo, aprovechando las evaluaciones de los extranjeros que han llegado a capturar y subdividir su propio pedazo del paraíso. El éxito financiero del eco-lodge, como la exclusión de las visitas non paying de la reserva privada de los Lewises, ha propiciado un profundo resentimiento entre algunos habitantes, que han malinterpretado las buenas intenciones de interferir de los Lewises. Hubo un punto en que la pareja fue desterrada de la participación directa de la escuela en la que habían trabajado tan duro para ayudar a establecer. Según Karen Lewis “Fue muy doloroso al principio. Pero las cosas parecieron ir mejorando por si solas”.
Lapa Ríos ha logrado el objetivo principal de los Lewises, salvar un pedazo de selva virgen de convertirse en pastos, mientras muestra tanto a los turistas como a los locales que existe un valor en proteger las tierras bajas en peligro de extinción del bosque tropical de Costa Rica. Su éxito económico recuerda a otros operadores de eco-lodges que la sostenibilidad ecológica requiere viabilidad económica, y puede inspirar a la industria de turismo tradicional a adoptar prácticas sostenibles.

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